COLUMNA DOMINICAL
ESA EXTRAÑA FASCINACIÓN POR LA DESGRACIA AJENA
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

De Murnau no sabía absolutamente nada hasta que escuché una referencia de unos expertos y especialistas en cine. No sé mucho de cine, simplemente trato de disfrutarlo. Tampoco soy un asiduo al cine, mucho menos un cinéfilo. Aunque, en ocasiones, me gustaría ser uno. Conozco gente que ama el cine. No se dicen cinéfilos así mismos, pero no están muy lejos de serlo. Hablan de cine con un amor, una pasión, un entendimiento y un conocimiento envidiables. Me gustaría hablar así de cine, pero ellos hablan de unos directores, actores y películas que desconozco. El problema es que, si veo películas, no leo. Supongo que cada quien tiene sus propias prioridades. Aun así, no quiero perderme el goce de disfrutar una buena película de vez en cuando. En este sentido, procuro ver una película a la semana. ¿Con qué frecuencia ve películas un cinéfilo? No lo sé. Tal vez un cinéfilo le dedica la misma cantidad de tiempo que yo le dedico a la lectura, incluso más. Aunque mi propósito está lejos de parecerme a un cinéfilo, le he cogido cierto desprecio y resistencia a Hollywood. Ciertos nombres, ciertas personalidades que saben cosas y prefieren guardar silencio. Si bien no pretendo condenar el hecho de guardar secretos (¿Quién no tiene sus guardados?), lo que me molesta es la forma como la industria los presenta y muestra al gran público: bien peinados, bien vestidos y con una enorme sonrisa de satisfacción en la cara. Esto me ha llevado a desarrollar cierta contradicción que ha perjudicado mi propósito: si veo una película, siento que estoy apoyando y tolerando toda esa cantidad de corrupción, abusos, mentiras e hipocresías que se esconde tras bambalinas. Si veo una película, hago parte de todo ese enjambre de cinismo y descaro. Si veo una película, caigo en contradicción. Aun así, ¿no son muchos de los que leo unos cínicos, descarados y desvergonzados en sí mismos? Ciertamente. La diferencia es que estos últimos no pretenden ser algo diferente, o esa es la impresión que me da.
Alguien dijo que estaba exagerando. Tal vez es verdad. ¿No es algo absurdo? Esa persona me sugirió aplicar la estrategia de separar al artista de su arte. Creo que ha funcionado, aunque sea por conveniencia propia.
Cierto día, por pura casualidad, encontré en internet una lista con “las 60 mejores películas de la historia”. Como suele ocurrir con muchas cosas que se encuentran en internet, pensé que era mentira. Ninguna razón, explicación o fundamento acompañaba la lista. Simplemente, era la lista sin más. Esto pronunció mis dudas. Aun así, leí la lista. No conocía prácticamente nada. Tal vez era verdad. Al final de la lista aparecía una nota aclaratoria: “el orden de la lista no está sujeto a ningún ranking o apreciación de calidad de las películas, solo responde a la necesidad de ordenarlas para ser presentadas.”
La primera película en la lista era 2001: odisea en el espacio de Kubrick. Esa sí la he visto. Sé que es una de las mejores y más importantes películas solo porque se lo he escuchado decir a gente que sabe del tema. La mayoría de las películas que conforman la primera sección de la lista no las conocía. Solo podía reconocer el nombre de uno que otro director, nada más. Tenía mucho trabajo por delante. Las dos primeras películas que vi son relativamente antiguas. Del 58 y del 62 respectivamente. Si bien no estoy acostumbrado a ese tipo de cine (el mío es un cine más comercial y masivo), estas dos películas me fascinaron. Me hicieron olvidar esa contradicción moral de la cual me aquejaba. Eso era bueno. La tercera película que vi fue la de Murnau, y como ya lo dije, de Murnau no sabía absolutamente nada. Eso me gusta, llegar virgen a la experiencia artística. Hace de esta una aventura mucho más auténtica.
Suele ocurrir cuando leo una historia o veo una película, intento anticipar el desenlace de esta. Es algo divertido, no es muy difícil de hacer y creo que la gran mayoría de la gente lo hace. Con Murnau no fue la excepción. Aunque no fue el final que esperaba, casi fue. Todo estaba dado para la desgracia. Un desenlace fatal, triste y trágico. Sin embargo, Murnau “salvó” la historia en el último momento, cuando prácticamente todo estaba perdido y la desgracia consumía a los protagonistas. Parecía el gol en el último minuto, la última vida que le queda al gato, el Deus ex Machina que salva el guion. Fue algo sorpresivo, inverosímil e injusto. Había leído en el hilo de la historia un final atroz. En su lugar, me dieron un final muy feliz y optimista. El resultado me dejó una sensación incómoda, desconcertante y un tanto decepcionante. ¿Cómo decirles que no me gustó el final que Murnau implementó? Más importante aún: ¿Por qué no me gustaba el final de Murnau? ¿Tan acostumbrado estaba a los finales atroces, trágicos, dramáticos y catastróficos que no podía tolerar algo distinto?
Unas horas antes de ver la película, había leído en la Serendipia Dominical de Mónica, colega de la revista, algo que recordé mientras veía la película. Si bien la columna refiere un análisis de cómo el sistema social estructurado en España parece queda cada vez más obsoleto ante los nuevos desafíos y dinámicas sociales, lo que realmente me cautivó fue una pequeña frase, un pequeño comentario en la columna: “Si yo estoy mal y tú peor, todos contentos”. Me pareció una frase muy veraz. Describía a la perfección el sentimiento que nació después de enfrentar el final de Murnau: esa extraña fascinación por encontrar la desgracia en los demás. Me preguntaba si era la frase la que influyó en mi percepción de la película, o era precisamente la película la que confirmaba el anuncio de Mónica en su columna. Realmente, prefería ver la desgracia en una ficción antes que en la vida real. Aunque esto es una estupidez. Sé que la realidad puede ser mucho más cruel, injusta, cabrona y dolorosa que cualquier ficción.
No me hubiera atrevido a hacer una mención al respecto si no hubiera sido por una ligera sospecha de que esa “fascinación” no era una cosa personal o individual. De cierta manera, sabía que el final de Murnau no gustaría a muchos y me atrevía adivinar el por qué:
—Es un final muy “romántico”.
Con “romántico” me refiero a un desenlace conveniente, adecuado, propicio e incluso oportuno. ¿Oportuno para quién o para qué? Para una sociedad “chapada” a la antigua. Hablamos de una película que fue estrenada en 1927. Han pasado prácticamente cien años desde su lanzamiento. El mundo no es el mismo. Se ha movido y transformado a un escenario donde las nuevas generaciones ven como algo “anticuado” los modales y preceptos de aquella época. Murnau parecía querer rescatar los valores y principios de una época reforzando la esperanza, la felicidad, el optimismo y el valor ante la desgracia.
¿El hecho de preferir la desgracia antes que la felicidad y esperanza sugiere una actitud “amoral”?
Esta fue la pregunta que más me inquietó. Dado que no encontraba respuestas, decidí buscarlas. Para ello, apliqué la estrategia de Nelson Mandela, quien ante su deseo de aprender algún tema o disipar dudas, recurría a los libros o conversaciones con especialistas y expertos. Quería la opinión de alguien que supiera de cine, tuviera un conocimiento básico y una experiencia lo suficientemente amplia como para conocer este tipo de películas. Tenía al indicado. Carlos estudió producción de Cine y televisión. Sabe de cine, ama el cine, ve mucho cine. Sabía que si le refería mi situación con Murnau me daría algo. No fallé en mis especulaciones. En primer lugar, hizo especial énfasis en el contexto histórico.
—Hablamos de una película de postguerra.
Si bien Murnau era un director alemán, había buscado inversión americana para producir la película. Sunrise es una película que dependía de la inversión americana. A estas películas Carlos las define como “productoras”. Una de las características de este tipo de cine es que debe cumplir ciertos “estándares” establecidos por la entidad productora para garantizar la producción del proyecto. Una de estas reglas es que la película debe ser de corte “comercial”, por decirlo de alguna manera.
—Es por esto por lo que el final de Sunrise es “esperanzador”.
Carlos argumenta que debido al contexto donde la sociedad estaba tratando de recuperarse de las secuelas de la primera guerra mundial, lo más “conveniente” era un final prometedor, donde la felicidad y la esperanza se alzaran por encima de la desgracia.
Después de la explicación de Carlos, no podía decir que no conocía nada de Murnau. Aun así, quedaba pendiente lo de esa extraña fascinación por la desgracia ajena. Para ello contacté a Camila, psicóloga de profesión. La puse en contexto. Ella admitió que la cosa no era muy fácil. En primer lugar, me sugirió leer un grupo de teorías que podrían dar explicación a dicho comportamiento. La teoría de la perspectiva, desarrollada por Daniel Kahneman en 1979. Habla sobre la influencia de ciertos “criterios” a la hora de tomar decisiones. Sugiere que las personas prefieren evitar riesgos y pérdidas antes que la obtención de una potencial ganancia. El miedo a la “pérdida” es mucho más convincente que el apetito por la “ganancia o victoria”. La llamo teoría psicológica del cobarde, ya que solo los cobardes prefieren conservar lo que tienen antes que arriesgarlo todo. Dostoievski, seguramente, estaría de acuerdo.
La teoría de la normalidad y la anormalidad. Plantea que los conceptos de “normalidad” y “anormalidad” no son absolutos. Su entendimiento y comprensión depende de diversos factores y aristas. Diferentes enfoques plantean una definición dependiendo sus características, especialidades y repercusiones.
Finalmente, la teoría de la comparación social, desarrollada por León Festinger en 1954. La más interesante de todas. Propone que las personas utilizan constantemente la comparación como medio para evaluar y calificar sus pensamientos, opiniones y habilidades. El autor propone dos medios de comparación: Ascendente, que consiste en la comparación con alguien “superior”. Si bien puede promover la motivación e inspiración, también puede conllevar a la frustración e impotencia. El segundo medio de comparación es el descendente, que propone la comparación con alguien “inferior”. Se implementa comúnmente para proteger o aumentar la autoestima.
Si bien este grupo de teorías podía dar algo de claridad a la situación con Murnau, Camila me recomendó “no buscar las respuestas afuera”. En su lugar, opinaba que lo más sensato era aclarar el asunto en un proceso de introspección.
¿Qué quería decir Camila? ¿Qué era un amoral, un insensible, un insensato?
Tal vez tenía razón. Curiosamente, esa noche me topé de narices con un ensayo de Bukowski que hablaba sobre lo difícil que era encontrar la paz en el mundo. En él, mencionaba esa popular frase que dice: “Los tiempos más difíciles crean a los hombres más fuertes y capaces”. Así descubrí que la frase es solo una pequeña porción de una reflexión que se repite de manera cíclica. Se dice entonces que son los tiempos más difíciles y complicados los que crean hombre fuertes y capaces. Estos hombres, a razón de su capacidad, transforman esa realidad para crear tiempos más apacibles y felices. Consecuentemente, son estos tiempos favorables los que engendran hombres faltos de capacidad y carácter que terminan transformando la realidad en tiempos difíciles. La consideración de este hecho reconfiguró mi percepción relacionada con el final de Murnau. La cosa era más sencilla de lo que parecía. Me decantaba por la tragedia ya que me parece más interesante. La felicidad, por su parte, es más resignada, conformista, sosa y perezosa. La adversidad, de igual manera, tiene su encanto, además de unos argumentos muy fuertes a su favor. No podríamos hablar de Hemingway y Adiós a las armas sin su experiencia en la guerra. No podríamos hablar de Dostoievski y El jugador sin su ludopatía. No podríamos hablar de Bukowski y su dificultad para encontrar la paz sin su misera.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
